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El Terror a Envejecer: La Sustancia (2024) Y X (2022)

  • Núria Villar
  • 29 oct 2024
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: 31 ene 2025

Al llegar el mes de octubre, las salas de cine se llenan de monstruos, vampiros, brujas, monjas, asesinos y casas encantadas. Lejos de cumplir estos estereotipos, en los últimos años se ha podido ver un boom de las películas de terror más psicológico, que tratan de ahondar en las profundidades de la psique de los personajes y dejar de lado – aunque no del todo – los sustos que hacen que saltes en tu butaca.

Fotograma de Cisne negro (Darren Aronofsky, 2010)
Fotograma de Cisne negro (Darren Aronofsky, 2010)
En este mes de octubre, una película de terror ha destacado en popularidad y originalidad sobre el resto: La sustancia (Coralie Fargeat, 2024) ha conquistado al público por las excelentes actuaciones que alberga, los realmente creíbles efectos visuales que utiliza y, sobre todo, por la valentía de su mensaje.

La trama narra la historia de Elisabeth Sparkle (Demi Moore), una obsoleta estrella de la televisión que, tras ser despedida de su trabajo como host de un programa de gimnasia por ser “una puta vieja”, descubre una droga llamada la sustancia, que le promete convertirse en una versión más joven, bella y perfecta de sí misma (“tú, pero mejor en todos los sentidos”). ¿Dónde está el truco? Si accede a tomarla, Elisabeth se verá obligada a cambiar entre su versión “mejorada” (llamada Sue e interpretada por Margaret Qualley) y su versión “matriz” cada siete días; lo que termina provocando grandes problemas de envidia, celos y rivalidad entre ambas. La sustancia tiene una premisa realmente memorable, que se hace destacar gracias a la calidad de su producción y la mezcla que hace entre el terror y la ciencia ficción. Desde el inicio deja claro su intento por mostrar cómo la búsqueda de la belleza y la perfección puede conducir a la toma de malas decisiones, basadas siempre en una obsesión compulsiva por ser la mejor versión de una misma. Quizá esta temática te esté recordando ya a otros hitos del cine de terror, como Cisne negro (Darren Aronofsky, 2010) o X (Ti West, 2022); en la que se presenta de nuevo una protagonista femenina (Maxine, interpretada por Mia Goth) que desea la fama y la riqueza frente a todo lo demás, y que está dispuesta a hacer lo que sea para conseguirla.

Fotograma de X (Ti West, 2022)
Fotograma de X (Ti West, 2022)
Tanto en La sustancia como en X se puede escuchar, lejano, el tintineo de la vejez. O, más bien, del terror a envejecer. Aunque de diferentes formas, ambas películas hablan no sólo de la búsqueda de la perfección y la belleza; sino también de la pérdida de la misma cuando llega la ancianidad. Ambas películas entienden que, en nuestra sociedad (ya sea en los años 70 o en 2024), la valía de una mujer depende de su aspecto físico – y, por tanto, de su edad. Las protagonistas se ven atrapadas en un bucle en el que tratan de hacerse ver en una industria dominada y dirigida por los hombres (la
industria mediática; de la televisión en el caso de Elisabeth, y del cine en el caso de Maxine), siendo constantemente cosificadas por ello.

Sin embargo, y aunque estas premisas son tan escalofriantes como realistas, la forma de tratarlas varía mucho entre una película y otra. Mientras que La sustancia hace un comentario crítico de esta necesidad femenina del éxito y la aceptación de otros, X se queda en un plano más superficial, en el que la anciana se utiliza meramente como herramienta para causar sustos y hacer avanzar la historia hasta que Maxine, aún joven y perfecta, se impone sobre ella. Aunque el mensaje queda igualmente claro (“no aceptaré una vida que no merezco” es uno de los mantras de Maxine), el triunfo vuelve a recaer sobre el lado equivocado, dando la falsa idea de que ese intento por satisfacer los deseos de éxito y belleza – hasta un punto insano – son el camino a escoger. La sustancia, por contra, nos obliga a identificarnos con Elisabeth; a recordar esos momentos en los que nos hemos mirado en el espejo y nos hemos sentido inferiores, y a tratar de buscar una solución, un escape, de la forma que sea. La moraleja de la historia es distinta, pues Elisabeth en ningún momento gana algo positivo con esa obsesión y fijación; sólo se pierde a sí misma.
Fotograma de La sustancia (Coralie Fargeat, 2024)
Fotograma de La sustancia (Coralie Fargeat, 2024)
El pánico a envejecer, el dolor de los sueños acabados y el paso del tiempo no son temáticas que haya adoptado el cine recientemente, al igual que no lo es el hecho de que las mujeres sean objeto de películas de terror con tramas y mensajes muy diferentes a las protagonizadas por hombres. El género de terror ha mostrado siempre cierta fijación por el uso de los cuerpos femeninos envejecidos – arrugas, pechos decaídos, pieles flácidas, venas marcadas – para provocar espanto, como objetos inútiles, grises y desgastados, que no tienen otra opción más que aliviar sus obsesiones haciendo el mal y soñar con un yo más joven, más bello y más perfecto. Existe, de hecho, un subgénero del terror dedicado específicamente al protagonismo de mujeres ancianas que en el pasado fueron glamurosas, pero a las que el paso de los años ha vuelto grotescos espectros con inestabilidad mental. Se trata del hagsploitation, del que tanto La sustancia como X pueden hacerse bandera, al igual que clásicos como ¿Qué fue de Baby Jane? (Robert Aldrich, 1962). De nuevo, la pérdida del éxito y la juventud se muestra como el peor de los destinos para las mujeres, que no tienen más remedio que mirarse en el espejo y observar que el monstruo de la película son ellas mismas en realidad.

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