"La Infiltrada": La socialización del dolor y la dicotomía entre el poder y el deber.
- Joaquín Pérez García
- 30 ene 2025
- 2 Min. de lectura
Esta es una película histórica, sobre aquello que no se nos suele contar, sobre toda esa gente que trabaja en y desde las sombras para luchar contra criminales, en este caso, los integrantes de la banda terrorista ETA. Carolina Yuste encarna a esta “infiltrada” bajo el nombre de Arantxa, la cual viaja desde Logroño a San Sebastián para ganarse el favor de los
etarras y conseguir información.
La socialización del dolor está muy presente en la película, pues es lo que nos hace partícipes al empatizar y ser solidaridarios con las víctimas y detractores de este grupo terrorista, aunque no sin conocer también su punto de vista cuando se nos presentan los sueños y deseos de uno de sus adeptos. Todos creemos formar parte de una sociedad que está siendo atacada por gente que tiene una fe ciega en sus ideas y que está dispuesta a saltarse las normas con tal de defenderlas. Es por esto que casi todo español creía tener cierta responsabilidad y trataba de informarse, colaborar, o, en su defecto, repudiar todo comportamiento que tuviera que ver con el nacionalismo extremista vasco.
La protagonista lucha y se debate por conseguir su misión a toda costa, sacrificando su tiempo y su propia vida. Los momentos más tensos, en mi opinión, se dan dentro de la casa en la que llega a convivir con dos de estos terroristas vascos, uno de los cuales, interpretado fabulosamente por Diego Anido, es bastante inestable y se ve en el derecho de hacer cuanto le plazca. Sin embargo, la protagonista resiste con tal de no echar por tierra todo el trabajo realizado, ganándose su confianza aunque no sin cierta dificultad.
El ritmo de la película va variando por momentos, desde escenas de acción a contrarreloj o con persecuciones, a dramáticos diálogos y situaciones más humanas en las que se nos muestran las vulnerabilidades de los personajes.
“La Infiltrada” va sobre sacrificio, sobre esa dicotomía entre el querer y el deber. A esta última es a la que se rinde Mónica, con el nombre falso de Arantxa, haciendo cualquier cosa por el trabajo que se le ha encomendado. Gran obra del cine español de este año, dirigida por Arantxa Echevarría y que promete (con muchas nominaciones) para los Goya que se celebran el próximo 8 de febrero.




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