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Muchos gritos y pocas respuestas: El llanto (2024)

  • Alex White
  • 12 nov 2024
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 31 ene 2025

Hace unos años leer las palabras “película de terror española” hubiera sido algo que me habría quitado de la cabeza cualquier idea de sentarme delante de una pantalla a ver una obra de esas características. Gracias a Dios ya no tengo esos prejuicios.


El primer largometraje de Pedro Martín Calero quiere ser una pieza críptica que busca que la duración de la película sea inmensurable en la cabeza del espectador. La narrativa de la película deja una serie de pistas que pueden llevar a diferentes interpretaciones.


Al igual que Longlegs, unas de las mejores películas de este año en mi humilde opinión, es una película de terror sobrenatural. El terror no reside tanto en las imágenes, pese a que éstas sean muy efectivas a la hora de crear una atmósfera inquietante, si no en la dificultad de hallar la respuesta acerca del calvario que tortura a las protagonistas.


Todos los intérpretes están bastante bien sin destacar demasiado ninguno de ellos, aunque Ester Expósito y Mathilde Ollivier son las que más cancha tienen de parte del guión para sacar a relucir sus dotes actorales. Y hablando del guión, este está escrito por el propio director y por la mismísima Isabel Peña, compañera en la escritura de todas las obras del director Rodrigo Sorogoyen: As bestas (2022), El reino (2019). Sin embargo, el talento de Peña no destaca demasiado en esta cinta; no hay nada que recuerde a los trabajos anteriores de la guionista. Aunque eso no tiene por qué ser negativo, ya que está asociación con el director novel puede que fuera un intento de la escritora por alejarse un poco de los thrillers de tensión de Sorogoyen.


Donde la película pierde algo de su encanto es a partir de la mitad de su duración. La película trata de adentrarse en otra línea narrativa que tarda demasiado en hacer efecto y hace que el tedio empiece a asomar la cabeza y que el espectador eche de menos el metraje anterior. De hecho, la estructura de la película está bastante mal ordenada por así decirlo, lo cual hace que se vuelva predecible. Los que la hayan visto saben de lo que hablo. El final también es algo confuso, pero puede que fuera la intención del director para lograr aquello de lo que he hablado en el segundo párrafo de esta crítica.


Luego la película homenajea bastante al cine y a los propios sistemas de grabación y cómo a través de ellos pueden captarse cosas que a simple vista no se pueden ver; y también hay ciertos elementos voyeuristas que son bastante agradables de ver.


En general la película es bastante llevadera y las escenas de terror funcionan realmente bien. Dichas escenas pueden seguir un poco la nueva corriente que algunos han bautizado como “Terror elevado”, ya que el terror está un poco más pensado más allá del agotadisimo jumpscare con música estridente. No creo que las quejas a la película puedan deberse al vago análisis de “Me ha dado miedo/No me ha dado miedo”. Dicho todo esto yo creo que Martín Calero es un director que ha logrado una película bastante sólida y que al menos a mí se me ha hecho interesante.

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