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Por qué ver "The Brutalist" si quieres dejar la carrera

  • María Cuellar Uribe
  • 28 ene 2025
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 31 ene 2025

En un mundo donde no está permitido parar, donde el valor individual se reduce a la productividad, hacer una película de cuatro horas se convierte instantáneamente en un acto revolucionario. Tomarse el tiempo de sumergirse por completo dentro de una película, una historia, un personaje y un dolor es algo para atesorar. Salí hace veinte minutos del cine y me vine corriendo por dos razones; tras cuatro horas de intensas emociones me urgía ir al baño, y dos: aunque sean casi las dos de la mañana, necesitaba cargar mi computador y dar rienda suelta a este revolcón que me quedó después de ver “The Brutalist”.


Llevaba algunos meses distanciada del cine, como un matrimonio que se desgasta con los años, me sentía cada vez más distante a lo que en un momento fue mi todo. Creía que ya no volvería a sentir esa dolorosa y adictiva sensación que se mueve entre mi pecho y mi garganta cuando veo una buena película. “The Brutalist” me hizo sentir de nuevo esto… y muchas otras cosas.

Esta película es un baile en el que cada fotograma se sincroniza con el sonido, los gestos y la narrativa, de manera que se crea una pieza sumamente bella y dolorosa.


Quiero hacer un breve comentario sobre la dirección; aun no logro comprender qué tipo de trabajo se hizo antes del rodaje para que lo que se viera en la película fueran personas, no personajes. En ningún momento vi a Adrien Brody o Guy Pearce jugando a ser alguien más. Por el contrario, vi cuerpos cargados de dolores, de silencios y de contradicciones. Vehículos para mostrar como ninguna emoción excluye otras;


Donde hay amor, hay odio

Donde hay esperanza, vive la desesperación

Donde hay miedo, existe la lealtad

Donde hay dolor….

donde hay dolor….

A veces solo hay dolor.


Para quienes vemos películas con frecuencia, siempre existe una escena o un momento concreto en el que sabemos qué tanto lograremos conectar con la película. Para mí fue el momento en que Erszsébet está masturbando a László. Quien aún no haya visto la película, le va a parecer ridículo que la escena que más me haya conmovido haya sido una donde lapareja se masturba, pero en realidad, el acto sexual pasa a ser una cosa secundaria (o incluso terciaria). La energía en esta escena transmite la profunda angustia con la cual han cargado los personajes durante todo este tiempo. Como un encuentro tan esperado después de pasar meses el uno sin el otro, agudiza la sensación de desesperación, y de dolor profundo, pues ya no es solo la tristeza individual, sino un vacío compartido que se expande cada vez más y más (aunque claro, seguramente quienes estaban al lado mío estaban confundidos al ver como yo lloraba desconsoladamente mientras hacían una paja).


Cuando llegué a mi casa, pensaba en escribir todo lo que me gustó de la película; el montaje, el sonido penetrante, la luz, el movimiento de cámara, la cinematografía, el ritmo, la escena surrealista dentro de las altas montañas de Italia. Me di cuenta que si hacía esto realmente nunca iba a terminar, o simplemente me estaría dedicando a describir algo que hoy en día perfectamente puede hacer chat GPT.

Por esto, me voy a abstener y diré lo siguiente; una buena película despierta emociones que

aún no tienen nombre, una buena película nos hace olvidarnos de nuestros límites físicos y

espaciales, se esfuma nuestra piel y las veinte sillas en la sala de cine. Se siente como si

atravesáramos la pantalla, pero es realmente la pantalla la que nos atraviesa, pues cuando

ruedan los créditos, regresamos a casa con un pequeño (o gran) roto en el corazón.


Para mi amigo Chabi, que quiere dejar la carrera.

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