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‘Segundo Premio’: cómo hacer un biopic sin hacer un biopic

  • Amanda Díaz Marcos
  • 13 feb 2025
  • 6 Min. de lectura

Es 2024 y Los Planetas acaban de anunciar una gira celebrando el 30º aniversario de su LP debut «Súper 8». Montan una gira nacional, e incluso internacional; a la que atienden no sólo nostálgicos que vivieron su música en los noventa sino también una tímida generación Z. Se forma un fenómeno fan en pleno siglo XXI alrededor de una banda que sustancialmente pertenece al siglo pasado. 

En medio de todo esto, Isaki Lacuesta y Pol Rodríguez estrenan ‘Segundo premio’, un film de casi dos horas que nos adentra en la “leyenda” de Los Planetas; tomando co punto de partida la marcha de su bajista original May Oliver y los retos que dieron finalmente como resultado su disco más popular: el generacional «Una semana en motor de un autobús». 


Como los directores recalcan al inicio de la película, no estamos ante un biopic de Los Planetas, sino ante un mágico relato de la leyenda en torno al grupo generacional de los años 90. 

De hecho, ni siquiera se nombra a J, Florent, ni Eric —los miembros más destacados de la banda en ese momento—. En su lugar, tenemos a “el cantante”, “el guitarrista”, “el batería”... Gracias a una charla con Daniel Ibáñez, actor protagonista, desvelamos que la razón de esto no es otra sino que Los Planetas no dieron autorización. Aunque por otra parte, los directores decidieron que May fuese el único personaje con nombre, pues su figura se muestra como un punto de inflexión en la carrera de la banda.


Además de un más que digno homenaje a Los Planetas, estrenado en perfect timing con el fenómeno que estábamos viviendo en 2024; ‘Segundo premio’ es una experiencia inmersiva en la escena Granadina de los noventa; parte de una ciudad que aún a día de hoy sigue siendo prolífica en cuanto a bandas indie

Las drogas son un punto central de la película, como también lo fueron en el proceso creativo del «Una semana». Lacuesta se acerca a ellas con un toque de realismo mágico y de surrealismo, inspirado en las películas de Buñuel. Una representación un tanto inusual del efecto de los psicotrópicos, visible sobre todo en esas escenas en las que Florent experimenta alucinaciones que aún viendo la película tres veces son imposibles de comprender. De hecho, que el público no las comprenda es precisamente lo que querían obtener los directores. Este enfoque surrealista se mezcla con claras influencias   “Trainspotting” (1996); e incluso nos recuerda al cine del recientemente fallecido David Lynch, con esos planos en los que la tierra se remueve sola. 


Hay dos cosas sin las que Los Planetas no hubiesen podido existir: Granada y las drogas. Como bien dice Eric en el largometraje: “Los Planetas sólo podían ser de Granada. Y es que Granada es la única ciudad con nombre de bomba”. “No se puede escapar de Granada”. Irónico esto teniendo en cuenta las más de diez nominaciones que tuvo la película en los Premios Goya, que este año se celebraron en la ciudad andaluza; y que han llevado a “Segundo Premio” a contar con tres galardones de la Academia. Para quien esté familiarizado con Granada, resulta excitante reconocer en la película los espacios más icónicos de la ciudad: el Planta Baja, Discos Bora Bora, La Estrella… Algunos apenas se mencionan, pero están ahí. Los reconocemos y nos hace ilusión. Nos sentimos parte de esa escena musical noventera que creemos estar imitando no sólo desde Granada sino también aquí, en Madrid. 

A estos espacios se suman también otros lugares más reconocibles por el público general, como puede ser la Alhambra, el Sacromonte o el Albayzín. Una identificación que acerca  película al más puro costumbrismo, que fue algo que marcó considerablemente los temas de Los Planetas, y que a día de hoy inspira a una escena que busca identificarse con algo.


A modo de ‘falso documental’, la película incluye narraciones y testimonios de los distintos miembros de la banda, que confunden en ocasiones al espectador con frases como “eso en realidad no fue así” después de contarnos una historia como si fuese verdadera. Es una película fluida, nos engancha, tanto si conocemos todas las canción que suenan como si nunca hemos oído hablar de Los Planetas. 

De todos modos, como veníamos contando, ese costumbrismo y afán por identificar hacen que reconocer cualquier referencia nos haga ilusión. Mismamente: el grosero apunte de que “J canta con la polla en la boca” nos resulta gracioso. Igual que la decisión de dirección de ponerle subtítulos a las canciones, siguiendo la fama de que no se entendía nada de la letra en las canciones de Los Planetas. Igualmente, los temas fueron regrabados completamente para la película, y ahora se entienden un poquito mejor. 


Precisamente las canciones de Los Planetas hacen que ‘Segundo Premio’ sea especial. No sólo porque es de donde parte todo, sino que la manera en la que están yuxtapuestas con los diálogos, las historias y el contenido de las escenas convierten a la película en una especie de “musical”, sin ser evidentemente nada de esto. Suenan todas las canciones del «Una semana en el motor de un autobús», más algunas del «Súper8» y «Pop», los álbumes publicados en el momento en el que se sitúa la trama. 

Los subtítulos y el hecho de poder entender lo que dicen las letras nos permiten sumergirnos aún más en su significado. Con esos títulos de nuevo costumbristas q pusieron a los temas (La Copa de Europa, Línea 1, Ciencia Ficción…), más de uno jamás se puso a pensar en el verdadero significado de las letras. “Segundo premioilustra l canciones de Los Planetas con una historia que nos permite darnos cuenta del significa real de sus letras; que no son más que un retrato costumbrista del hundimiento de uno mismo, la sensación de fracaso y de no retorno ante una vida que te has jodido tú mismo. 


Es más, la decisión de convertir la discografía de Los Planetas en un producto visual ha ayudado a más de uno, especialmente gente algo más joven, a adentrarse con mayor facilidad en los trabajos de la banda granadina. Los Planetas no son de nuestra generación, pero algunos espectadores los han congelado dentro de este film, y ahora nos da sensación de que van a tener 27 años eternamente.

Estéticamente, “Segundo Premio” es perfecta. Como buena película ambientada en los noventa, cuenta con una cierta emulación a lo analógico; quizá como un guiño a ese primer disco de Los Planetas, titulado precisamente «Súper8», como las cintas noventeras. Una estética muy lograda con colores muy definidos y un montaje dinámico e impecable.

Un ejemplo que me gustaría mencionar es ese viaje en el tiempo a un backstage de la sala Planta Baja que debería datar de 1997 o 1998; pero que tiene escrito en sus paredes nombres de grupos actuales cuyos integrantes apenas habían nacido, tales como Depresión Sonora o Niña Polaca. Para algunos, esto sería un fallo de raccord, pero para mí es una perfecta metáfora de cómo seguimos atrapados en el tiempo; y de cómo los grupos actuales conectan con sus referentes. En el mismo backstage de hace casi 30 años quedan escritos los nombres de las bandas que tocaron entonces; y se juntan con los de aquellas que tocaron semanas antes del rodaje. Un mismo lugar, ocupado por distintas personas que en realidad se parecen bastante. Un backstage que no cambia y nos pone a todos en el mismo sitio, independientemente de nuestra generación. 


La estética de “Segundo Premio” probablemente haya ayudado a esos Goya recibidos al mejor montaje y mejor dirección. Aunque si había una categoría que sabíamos con certeza que iba a ser —irónicamente— un primer premio para “Segundo Premio”, es el Goya al mejor sonido. Tomando como partida ese rollo shoegaze y guitarrero de Los Planetas; los actores tenían que tocar en directo durante el rodaje; que estaba siendo grabado en multipista mientras otros sonidistas se encargaban de grabar y yuxtaponer los diálogos. Todo ocurría a la vez, de manera cruda, como si estuviésemos ante un directo de verdad. 


En el coloquio, Daniel Ibáñez comentó: “esta película ha sido como si en mitad de un naufragio tuvieses que escribir poesía”. Y es que todo tipo de trabas se impusieron en el camino de los directores de este film, originalmente ideado por Jonás Trueba pero q finalmente se decidió que otros compañeros realizase.

Creo que más allá de lo mucho que te puedas sentir identificado con la historia de e banda de integrantes anónimos o de cuánto te pudieran gustar o no de antes las canciones de Los Planetas; es posible sentir en la propia película esa sensación de incertidumbre que se vive cuando eres parte de algo tan grande como la escena musical de una ciudad. “Segundo Premio” es un perfecto relato de la música independiente — con sus cosas buenas y malas —, tomando como referencia a los granadinos que dieron el pistoletazo de salida a las cientos de bandas que existen hoy en día, tanto en Granada como fuera; y que ahora sirven de inspiración para miles de personas que viven atrapadas en ese bucle de after, drogas y pedales de guitarra. “Segundo Premio” no solo habla de Los Planetas, habla de todos nosotros. 

Y eso es algo muy bonito.

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