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¿Volveréis a ver vuestras vidas como si fuesen una película?

  • Sara García Pérez
  • 13 feb 2025
  • 3 Min. de lectura

¿Son las relaciones metacine, o simplemente estamos tan influenciados por las películas, que ya ordenamos nuestra vida como si fuese una?

Volveréis” presenta a una pareja que se va a separar después de quince años juntos, pero están bien, eh; van a hacer incluso una fiesta de separación. Que sí, que el padre de Ale dice que hay que celebrar cuando la gente se separa, no cuando se junta. Y en medio de las preparaciones de la fiesta y las dudas, Ale (Itsaso Arana) una directora de cine montando su última película, nos enseña que ese montaje, es el de la película que estamos viendo, con Alex (Vito Sanz) como mismo protagonista.


Ficción y realidad se mezclan en lo que resulta ser una ficción última, descrita como una película circular en vez de lineal (aunque Itsaso piensa que sigue el trazo de un zigzag). Esto se dice, ya que parece que tienen un discurso preparado para amigos y familia en el comunicado de la ruptura, y la consiguiente fiesta. Con cada nueva, pero repetitiva situación, podríamos pensar que nos están llevando a algún lado, que existe un motivo último, que puede ser que les vaya a hacer replantearse volver; pero no sucede, o mejor dicho, no se ve en el final.

El propio director Jonás Trueba, nos dijo que en las películas antiguas, poniendo el ejemplo de “Historias de Filadelfia”, se pasan toda la película conquistándose de nuevo, a pesar de decidir en un principio que se separan, terminando mágicamente en una reconciliación final, la cual proporciona una adrenalina antes de rodar la pantalla de créditos; pero no nos confundamos, los problemas de pareja después de esa pantalla en negro y esa rápida reconciliación, siguen ahí, resurgirán porque nunca se fueron. Y aunque, actualmente piensa que el cine se ha convertido en un mundo pesimista que huye de los finales felices, en Volveréis, a pesar de que la conclusión no queda clara, el sentimiento final no es amargo.


Pero lo que más me interesó fue la trama que la convierte en metacine: cómo los planos se cortan a diferentes tomas o se rompía el eje, para hacer entender que esa escena se estaba editando dentro de la película que estaba montando Ale. Es verdad que también creo, que si no se hubiese incluido este elemento, la trama seguiría siendo la misma. Sin embargo, para mí le da un significado distinto a la manera en la que vemos las relaciones, no sólo románticas, sino todas nuestras interacciones del día.

El cine nos une, es verdad, pero también ha hecho que se cree a su alrededor esta mentalidad de “vivir en una película”, el síndrome del personaje principal, del “main character”, de hacer sin sobrepensar mucho por el “plot”. Hasta el punto de distanciarnos de lo que nos sucede, viéndonos desde un tercer punto de vista, desde fuera, como un personaje más compartiendo escenas con otros personajes, que a su vez, existen en su propio universo cinematográfico. Se crea una desvinculación con los sucesos, como si no nos estuvieran pasando a nosotros y eso puede hacernos sentirnos bien, restarle importancia a las cosas pero también, descuidarnos de lo que vivimos cuando no sabemos cómo reaccionar ante una situación difícil o incómoda, o incluso a lo que sienten los demás.


El cine de Jonás Trueba toma temas y situaciones complicadas, y que podrían acabar de mil y una maneras desastrosas, y las hace simples. Lo digo como un cumplido: no hace falta hacer demostrar que las emociones humanas son complejas, si ya lo sabemos, lo interesante es poder verlas simplemente, en otra gente, en personajes en una pantalla. Ya que, no sé si después de consumir tantas películas, volveréis a ver vuestra vida sin ellas.

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